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divendres, 18 de febrer del 2022

1868 - 1928 Rudolf Steiner - Septenios



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Los Septenios- Rudolf Steiner August 27, 2015

LOS SEPTENIOS. 

El planteamiento de Antroposofía es una cosmovisión espiritual del ser humano, con áreas de aplicación en la educación, en la medicina, en la arquitectura, las artes, entre otras. Particularmente, dentro de su cosmovisión del ser humano y su desarrollo espiritual, Steiner estableció los septenios, que es el estudio biográfico de las personas cada 7 años, y el estudio del temperamento. Steiner enuncia que el desarrollo puede verse tripartitamente, hablando de maduración física, maduración anímica y maduración espiritual.

Esto quiere decir que en los primeros 3 septenios (de 0 a 7 años, de 7 a 14 y de 14 a 21) lo que prima es la consolidación del cuerpo físico de la persona, y la temática central es el conocer la vida en la cual encarnamos. Luego, con nuestros órganos y cuerpo ya consolidados, comienza el desarrollo anímico, entre los 21 y 42 años. Lo que prima en esta etapa es la aceptación de la vida y trabajar en lo que uno vino a aportar a este mundo. Finalmente, entre los 42 y los 63 (y en adelante) encontramos el periodo del desarrollo espiritual, donde comienza la recapitulación de la vida, donde el alma se pone en servicio del Yo, para que él pueda expresarse, junto a las virtudes de la humildad, la aceptación y el amor.

En resumen, la Antroposofía nos plantea un camino evolutivo de nuestro desarrollo humano, dividiendo nuestra estadía en el mundo en tres etapas: encarnar y desarrollar nuestro vehículo en el mundo que es nuestra corporalidad; luego, aceptar nuestra realidad y aportar al mundo lo que vinimos a entregar; para finalmente, poder expresar nuestro espíritu y sus cualidades en el mundo. A continuación los invito a descubrir las principales características de cada uno de estas etapas que duran siete años, y así poder situarnos en la que nos corresponde y nutrirnos conscientemente de ellas. 

Primer Septenio: 1 a 7 años.
En este septenio nace el cuerpo físico del bebé, siendo muy importante la gestación de este mismo, ya que las enfermedades que existan en este septenio se deberán en gran medida como repercusión a cómo fue el embarazo de la madre. Es fundamental también dos procesos que ocurren alrededor de los 3 meses: primero es el desarrollo psicomotor del niño, y segundo, las enfermedades que pueden entenderse como una guerra de vida y muerte: es común que los niños tengan altas fiebres, ya que a través de esto el niño transforma sustancias de la madre en sustancias propias. La antroposofía plantea que mientras más fiebre tenga el infante cuando chico, más probabilidades de no padecer enfermedades autoinmunes cuando grande. Continuando con el desarrollo psicomotor, es fundamental también el momento en que comienza a caminar erguido, ya que es una manifestación de la individualidad del niño, de su yo individual. El órgano que prima en este septenio es el sistema nervioso, ya que a través de él va desarrollando las habilidades perceptivas, tanto con la imitación, el tacto, el movimiento, el equilibrio. Para poder fomentar esto es fundamental instar el juego con el niño. Otro elemento fundamental es el dar calor, ya que este posee una doble funcionalidad: primero, en el nivel físico esto se vivencia como protección, y en un nivel anímico esto se vive de tal manera que el niño siente que es importante para el adulto, lo que va otorgándole confianza en el medio externo, que finalmente conlleva a poseer un buen nivel de autoconfianza. Finalmente, la antroposofía plantea que es fundamental que el infante vivencie su realidad según esta frase: “El mundo es bueno”, donde pueda explorar, jugar y vivenciar de manera positiva y confiable el mundo que lo rodea.

Segundo Septenio: 7 a 14 años.
Alrededor de los 6 años el niño comienza a perder sus dientes de leche: esto nos indica el comienzo de cambio de septenio y que el sistema nervioso del niño ya está desarrollado y listo para comenzar la escolaridad. En este septenio se comienza a forjar el temperamento, el cual puede ser colérico (fuego), sanguíneo (aire), melancólico (tierra), o flemático (agua)…. ¿se acuerdan que lo hemos mencionado alguna vez? . Cada temperamento tiene rasgos de comportamiento determinado, una forma de vincularse con el mundo, de vivenciar las experiencias, entre muchas otras cualidades. Otro aspecto fundamental de este septenio es la habilidad o posibilidad de comenzar a adquirir hábitos, que abarcan más que dormir, comer o trabajar, sino que pueden ser hábitos de respeto, de no criticar, de comprender y saber perdonar, entre otros. Es fundamental entonces poder fomentar y cultivar estos hábitos, tanto por parte de los padres como de los profesores. Alrededor de los 9 años comienzan lo que se denomina los sentimientos del yo, lo que abre al niño hacia un mundo de polaridades a partir del sentir: sentir simpatía y antipatía, sentir el yo afuera y el yo adentro y de esta manera comenzar a experimentar sentimientos. Esto puede diferenciarse claramente con los niños más pequeños, donde todo es de todos: aquí comienzan los límites de la polaridad. Finalmente es muy posible que haya una búsqueda espiritual, donde busque religiones para buscar esa conexión, ese poder religar con lo que antes de encarnar estuvo unido.
Tercer Septenio: 14 a 21 años.
En este septenio la antroposofía plantea que a partir de la menarquia y la primera polución, hay una diferenciación entre niños y niñas en su comportamiento: ellas, las niñas, se ponen introvertidas, mientras que ellos comienzan en una etapa de rebeldía. Recordemos también que Steiner es del año 1900, por lo que hemos pasado por bastantes cambios socioculturales que pueden marcar una diferencia hoy en día, pero en rigor ese es el planteamiento descrito por la antroposofía. En esta etapa hay un énfasis en el pensar para poder conocer el mundo: antes el niño solo hacía registros, mas ahora lo procesa y lo debate más activamente. También comienzan a buscar conscientemente a los amigos que quieren tener, estableciendo relaciones kármicas importantes. Que los jóvenes posean una aproximación a la música también es muy común en este ciclo, ya que lo hacen como una manera de religar con la espiritualidad de forma más sutil. Un evento gatillante y fundamental es que a los 18 años y medio ocurre el primer nodo lunar: estos son estancias cósmicas donde el sol, la luna y la tierra están en la misma ubicación que cuando nacimos. Este nodo nos trae un cuestionamiento de “¿qué vine hacer en esta vida?”. Esta inquietud podría explicar la gran taza de disidencia de estudiantes universitarios de primer año de esta edad, que entran en una carrera sin tener claro que quieren hacer, cambiándose de elección hacia una más acorde con su vocación.

Cuarto Septenio. 21 a 28 años.
Este es un septenio de experimentación: de tener experiencias variadas, tanto como diferentes viajes hasta diferentes trabajos. Hay una búsqueda de validación a través de los amigos y de la carrera. Se hace énfasis en la calma interior, donde, a través de ella, vamos a ir adueñándonos de los espacios que habitamos. Esto quiere decir, que a través de un proceso de estabilización, vamos a poder amoldarnos a los límites que vamos a ir conociendo en este mundo que se abre, ya fuera de la escolaridad y de lo conocido. A los 28 años comienza una crisis de los talentos, que es cuando cesa la inspiración y comienza la transpiración. Esto quiere decir que los eventos que antes universalmente se iban dando fácilmente, dejan de fluir, siendo necesario más esfuerzo de parte de uno para lograr los objetivos. Recordemos que los tres septenios anteriores eran los septenios corporales, donde estábamos más protegidos y acompañados por la divinidad, mientras nuestra corporalidad se iba desarrollando. En cambio en el cuarto septenio ya comenzamos los septenios anímicos, donde es momento de hacerse cargo de la vida con lo forjado anteriormente, a empoderarnos a partir de nuestro propio mérito y esfuerzo, ya que ahora dependemos solamente de nosotros mismos, como si fuera un empujón del universo hacia la adultez. Es un buen momento para plantearnos el cómo vivenciamos al mundo y cómo nos vivenciamos a nosotros mismos, siguiendo el planteamiento anterior de ir en un camino hacia la adultez y hacia el hacerse cargo.

Quinto Septenio. 28 a 35 años.
En este septenio se sitúa lo que se denomina el lugar kármico: es el situarse en el lugar exacto donde uno realiza aquello que vino a hacer, conjunto a las personas con las que tenemos que llevarlo a cabo. Se puede apreciar que este ciclo está en la mitad de los septenios del cuerpo y del espíritu, lo cual produce una vivencia de Aquí Estoy Yo: se sitúa el ego terrenal en la tierra y comienza una nostalgia por lo no vivido, pero al mismo tiempo una apertura hacia la espiritualidad. Como se sitúa el ego terrenal en la mitad del desarrollo corporal y espiritual, es muy difícil tratar adicciones después de los 33 años. Esto es porque comienzan nuevas etapas en el desarrollo del ser humano, donde se destaca la organización que tiene él en el mundo actual: es así como la adicción forma a ser entonces parte de esta organización del yo terrenal de la persona, siendo muy difícil de rehabilitar.

Sexto Septenio: 35 a 42 años.
Este septenio nos trae el segundo nodo lunar, el cual llega a los 37 años. Esta vez nos hace cuestionarnos si estamos haciendo lo que tenemos que hacer en esta vida: despierta, o nos remueve, el concepto de autenticidad, que es el poder reconocer que hay problemas, que no somos perfectos; nos permite asumir lo que está pasando alrededor de nosotros y poder hacernos cargo de ello. En este periodo se vivencia frecuentemente el perdón hacia los padres, y paralelo a estas vivencias comienza también el decaimiento del cuerpo físico. La tarea fundamental es que nuestra alma no decaiga con el cuerpo, sino empoderarnos con este proceso, de tal manera que lo tomemos como una oportunidad: mi cuerpo decae, pero mi alma aflora, preparándonos para el siguiente ciclo de septenios, el ciclo espiritual.

Séptimo Septenio: 42 a 49 años.
Aquí comienza el desarrollo de los septenios espirituales, lo que nos trae fundamentalmente la habilidad de poder mirar más de lejos las cosas, sin quedarnos atrapados en ella: se pueden separar los hechos más fácilmente, con objetividad y desapego. El planeta Marte trae a este septenio una energía movilizadora, que da fuerza para resolver inquietudes del septenio anterior, abriendo nuevas vías de creatividad para responder si estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Otra energía creativa que se da de manera paralela es el comienzo de la menopausia, que puede manifestarse fundamentalmente en dos vías de creación: la primera, es los llamados aquí en Chile “conchitos”, es decir la mujer tiene su último hijo a esta edad. O la otra resolución hacia esta energía es el tener otras profesiones, otros trabajos, crear proyectos, iniciar otras empresas, entre otras. Esto puede entenderse también como un brote de energía creativa, que mantiene activa y vigorosa a la persona, tanto hombre como mujer, en este septenio, lo cual cabría como resolución del nodo lunar del septenio anterior. Finalmente ocurre un contraste muy importante con la juventud, por lo que es común ver padres y madres que comienzan a competir con sus hijos, para no vivenciar esta decadencia corporal natural del ser humano.

Octavo Septenio: 49 a 56 años.
En esta etapa de nuestra vida surge una nueva cordialidad, es decir, una nueva manera de que el corazón se vincula con el mundo, fundamentado desde el compromiso y la compasión; ellas son nociones más elevadas de vincularse, las cuales nos demuestran la presencia del espíritu en esta etapa de vida. Aquí uno se entrega hacia el otro, ya que en el pasado nos estábamos formando para poder hacerlo en su totalidad. A los 55 años y medio ocurre el tercer nodo lunar, que nos presenta una energía de introspección hacia dos puertas de autoconocimiento: la primera es el cuestionamiento de que si hicimos lo que teníamos que hacer, y la segunda es qué podemos hacer todavía.

Noveno Septenio: 56 a 63 años.
En este septenio es frecuente una búsqueda hacia la soledad, posiblemente impulsado por la energía de Saturno, que trae su sabiduría espiritual y guía. Esto nos permite también hacer una síntesis de lo vivido en los anteriores septenios. Saturno también nos da la energía de contactarnos con la manifestación del espíritu en la tierra. Dos crisis pueden ser fundamentales en este septenio: la primera es a nivel de los vínculos: conflictos en la sociedad que conformamos nuestra biografía, tanto familia, hijos, compañeros. Si los conflictos que surgen aquí, por ejemplo, como la partida de los hijos de la casa, no son superados, una depresión puede manifestarse. La segunda crisis deviene, de una apertura de conciencia por el espíritu, que llama a despertar, manifestándose en la búsqueda de la justicia, la verdad, de la libertad, o de la fraternidad. De esta forma, lo que busca este despertar espiritual, es poder manifestarse en la persona a través de la acción, de la presencia, de la voluntad, para que así pueda estamparse en la vida de la persona de forma activa, desplegándose en su día a día: superar las crisis biográficas anteriores, va a ser imperativo para que pueda manifestarse el espíritu sin ataduras ni temores; sin conflictos actuales en nuestra existencia terrenal, para poder así desarrollar la esencia espiritual. 


Décimo Septenio: 63 a 70 años.
Undécimo Septenio: 70 a 77 años.
Duodécimo Septenio: 77 a 84 años.
Decimotercero Septenio: 84 a 91 años….. 


1861 - 1928 Rudolf Steiner Filosofo

Rudolf Steiner Filòsof
Rudolf Steiner va ser un filòsof austríac, erudit literari, educador, artista, autor teatral, pensador social i esoterista. Viquipèdia
Defunció30 de març de 1925, Dornach, Suïssa
CònjugeMarie Steiner-von Sivers (c. 1914–1925), Anna Eunicke (c. 1899–1911)
enlace a Antroposofía

De acuerdo con las leyes del desarrollo humano en las que se basa el trabajo biográfico, se trabaja con periodos de 7 años cada uno o septenios:
La vida del hombre en la Tierra se desenvuelve en etapas de siete años. Al comienzo de cada período nuevo de siete años se le abren nuevas posibilidades que no eran posibles antes:
• Los tres septenios del cuerpo:
-Los primeros siete años se dedican a construir el cuerpo físico
-Los siete siguientes al cuerpo etérico
-De los 14 a los 21 al cuerpo astral.
Por eso la adolescencia es tan difícil: los deseos y emociones encuentran sus medios de expresión física en el cuerpo, mientras que el Yo que tiene que controlar estos elementos no ha nacido todavía .El Yo se encarna a los 21 años. Su primera tarea es dominar el cuerpo astral y vivir de manera consciente a través de la vida del sentimiento y de la emoción que antes era incontrolable.
• Los tres septenios del alma:
-De los 21 a los 28 años el ser humano tiene la oportunidad de desarrollar el alma sensible
-De los 28 a los 35 años el ser humano desarrolla el alma racional.
-Desde los 35 años hasta los 42: ha llegado el momento de incorporar el alma consciente.
Si se han pasado estas etapas de manera constructiva y se han realizado las nuevas capacidades, el hombre ha alcanzado el umbral de la madurez.
• Los tres septenios del espíritu:
-De los 42 a los 49: el principiante.
-De los 49 a los 56: el nacimiento del maestro interior.
-De los 56 a los 63: camino a la sabiduría. 
Todas las edades de transición (42, 49, 56 y 63), son de especial importancia, hasta que a los 70 años se acaba en cierto sentido el desarrollo vital, y los años que siguen ofrecen la oportunidad de poner la sabiduría adquirida a disposición del mundo, y prepararse en conciencia para la vida después de la muerte y la nueva encarnación que seguirá.
A lo largo de nuestra vida nos esperan nuevas posibilidades que nos serán provistas por poderes superiores sólo con que nosotros hagamos uso de ellas. En una vida ideal, se haría un uso pleno de cada nuevo regalo, se estaría preparado para el próximo cuando llegara la hora, y se crecería en sabiduría, madurez y habilidad para poner los frutos de nuestra sabiduría a disposición de los semejantes, especialmente a partir de los 35 años, cuando ya no debamos estar tan preocupados por nuestro desarrollo personal como en la primera mitad de nuestra vida.
En la primera mitad de la vida deberíamos ocuparnos de desarrollar el instrumento en que se convertirá nuestro ser maduro. En la segunda mitad (35 a 70) estamos en la parte iluminada por el espíritu, más que atada al cuerpo, y nuestra primera obligación es hacia los otros.
A partir de los 70 deberíamos dedicarnos íntegramente al cuidado de los demás, y cualquier sabiduría, percepción o nueva iluminación espiritual que podamos obtener será para otros, aunque nos será provechoso en nuestra próxima vida. 

EJERCICIOS
Steiner propuso realizar 6 ejercicios.
Propuso que se realice cada ejercicio durante 21 días y luego añadamos el siguiente. La práctica del sexto ejercicio supone continuar con la práctica de los cinco anteriores .Es importante practicar todos los ejercicios en el orden establecido, y no escogiendo sólo aquellos que encontramos agradables o interesantes. Así desarrollamos nuestras capacidades de una forma armoniosa.
1º.- Control del pensamiento
Escoge un objeto sencillo, como una campana, un clip, un martillo. Objetos manufacturados más que los objetos naturales, como un mineral, son más apropiados para este ejercicio. Si en vez de un objeto se escoge un pensamiento más elaborado, como la historia de la navegación, el ejercicio se convierte en demasiado fácil y no es efectivo.
Vacía tu alma de todos los pensamientos cotidianos ordinarios, y dirige tu atención al objeto. Piensa en el objeto durante 5 minutos de forma objetiva: examina cómo está hecho, cómo se usa… Cada pensamiento debería estar conectado con el siguiente. Hacia el final del ejercicio, cuando estés pensando en la función del objeto, puede que llegues a meditar durante breves momentos en la esencia del objeto sobre el que estás pensando.
No es necesario tener un ejemplar del objeto escogido enfrente de nosotros para mirarlo. Lo significativo de este ejercicio es estar activo en el pensamiento, más que en la observación. Si te observas a ti mismo pensando en otra cosa, simplemente redirige tu atención al tema de tu ejercicio.
La meta es intensificar nuestra habilidad para pensar y dirigir nuestros pensamientos, además de despertar facultades dormidas. Después de haber practicado este ejercicio durante algún tiempo, se advierte un sutil sentimiento de firmeza y seguridad. Termina imaginando cómo viertes este sentimiento en tu cerebro y médula espinal.
  
2º.- Iniciativa de acción (ejercicio de voluntad)
Escoge algo simple para hacer en un momento concreto todos los días. Debe ser algo no esencial, sino algo que haces sólo porque has elegido hacerlo, no debe tener ningún otro propósito. La tarea debería ser fácil de llevar a cabo incluso si no te encuentras en casa. Son ejemplos darse vueltas al anillo en el dedo, cambiarse el reloj de mano… Asegúrate de mantenerlo a la misma hora todos los días.
Después de algún tiempo de práctica se observa un impulso interior de actividad, un sentimiento de “siento la necesidad de estar activo” y “puedo llevar a cabo las cosas”. Imagina que ese sentimiento se derrama desde tu cabeza sobre tu corazón.

3º.- Ecuanimidad (permanecer por encima del placer y del dolor).
Este ejercicio ayuda a alcanzar un cierto grado de sosiego. Cuando practicamos este ejercicio nos esforzamos en controlar nuestra expresión de gozo y pena, sólo la expresión exterior, automática. No deberíamos llegar a ser menos sensibles por medio de su práctica, pero sí más receptivos para todo lo que es gozoso o triste en nuestro entorno. Por ejemplo, un día puedes sentir ganas de llorar cuando ves una película. Dite a ti mismo: no voy a llorar esta vez. Percibe el sentimiento sin expresarlo hacia fuera. En otra ocasión puedes sentir ganas de reír, en su lugar, aprecia el humor, pero permanece en calma. Esto no supone que nunca debamos llorar y reír de nuevo. Sólo que deberíamos ser capaces de elegir sentir el dolor sin llanto involuntario, sentir el horror sin la ciega rabia. Necesitamos observar cómo respondemos habitualmente a las situaciones. Si creemos que ya tenemos ecuanimidad porque raramente expresamos nuestras emociones, entonces al hacer este ejercicio podemos elegir expresar nuestros sentimientos. Podemos esforzarnos en expresar furia de un modo apropiado o verter lágrimas cuando las habíamos suprimido previamente. Para la evolución espiritual, lo que ya parece que poseemos previamente no es tan importante como la necesidad de practicar, de acuerdo con reglas exactas, aquello de lo que carecemos.
Después de practicar este ejercicio durante algún tiempo, se observa un sentimiento de calma y ecuanimidad. Evoca esta disposición a la calma interior al menos una vez al día. Déjala que irradie desde tu corazón hacia fuera a través de tus brazos y manos de forma que pueda fluir en tus acciones. Después envíala a tus pies y finalmente a tu cabeza. Dedica, si eres capaz, unos 15 minutos al día a este sostener e irradiar la disposición a la calma interior. Esto requiere una estricta auto-observación.

4º.- Actitud positiva
Busca lo bueno, lo digno de elogio, lo bello, en todas las experiencias, en todos los seres, todas las cosas. Esto no quiere decir que cerremos los ojos a lo que es negativo, o que pretendamos que todo es bello y bueno. Sólo que aprendemos a que la maldad no nos impida ver lo bueno, que el error no nos impida ver la verdad. En todo lo que recibimos en nuestra vida diaria nos esforzamos en encontrar algún aspecto positivo.
Podemos también tratar de entender cómo algo se nos presenta, antes que simplemente criticarlo.
Después de practicar esto durante algún tiempo, se advierte un sutil sentimiento de expansión, como si tu piel fuera porosa y estuvieras abierto a procesos sutiles de tu entorno. Dirige este sentimiento hacia tu corazón y desde allí déjalo que fluya dentro de tus ojos y a través de ellos en el mundo. Esto requiere una intensa concentración. Cualquier emoción perturbadora destruirá esta disposición de ánimo.

5º.- Franqueza
Cuando practicamos este ejercicio, hacemos un esfuerzo especial para ser flexibles y capaces de incorporar nuevas experiencias sin prejuicios. Nos empeñamos en aprender algo nuevo de cada situación o individuo (incluso de los niños) con los que entramos en contacto en nuestra vida cotidiana. Esto no significa que ignoremos nuestras experiencias previas, sólo que estamos abiertos a la posibilidad de que nuevas experiencias pudieran contradecir las viejas. Si oímos algo que parece improbable, dedicamos tiempo a comprobar los hechos antes que hacer un juicio inmediato.
Se observa un sutil sentimiento de algo vivo que viene a tu encuentro y te rodea, como una delicada vibración. Déjalo que se vierta dentro de ti desde el exterior. Absórbelo a través de tus ojos, oídos y sentido del calor en tu piel.

6º.- Armonía
Continúa practicando todos los ejercicios anteriores, en parejas o tríos de ejercicios, rotando a través de las series, de modo que prestemos atención regular a cada uno de ellos. Esto asegura un desarrollo armonioso de las fuerzas del alma.